Mamá, quiero ser artista… Nunca es tarde

Muestra en la EMTZ , curso 2010/2011

Muestra en la EMTZ , curso 2010/2011

Eso es lo que yo tenía claro desde pequeñita.O no tan claro, porque también quería ser veterinaria. Quería ser ambas cosas. Me daba igual qué tipo de arte: cantante, actriz, escritora, pianista, pintora… Sólo sabía que quería serlo, y por supuesto ser veterinaria también, poder compaginar ambas cosas.

A los 14 años se lo comuniqué oficialmente a mi familia. Ya tenía más claro qué tipo de arte: quería cantar. Así que quise inscribirme en clases de canto. Debido a la situación económica que atravesaba mi familia, tuve que esperar a los 16 años, conseguir un trabajo y pagarme las clases.

En la academia de canto me frustré al principio, hasta que di con una maravillosa profesora de clásico que saco grandes cosas de una voz que parecía que no lograría nada. Incluso en su momento me alentaron para intentar entrar en el conservatorio. Deseché la idea. Tenía demasiados pájaros en la cabeza como para centrarme en aquel momento. Y los he seguido teniendo hasta bien entrada la veintena. Ya casi en la treintena…

A los 18 por fin conseguí trabajar con animales, algo que siempre me ha apasionado, y seguí con mis clases de canto, esta vez ya a nivel particular, pero había algo que no funcionaba, no conseguía llenarme del todo. No creo que la culpa fuera del canto, de la profesora o de nada ni nadie en concreto. La culpa era mía, sentía que no encajaba en ningún sitio, no sabía qué hacer ni hacía dónde dirigirme.

A los 22 años tropecé por casualidad con un curso intensivo de verano en el Teatro de la Estación. Mi primer profesor de teatro (al que nunca olvidaré), supo contagiarme su buen hacer y su pasión por el teatro. Clases amenas y prácticas, de las que salí encantada. Tanto, que hice el siguiente curso intensivo ese mismo verano. En un mes ya tenía claro que el teatro me apasionaba.

A los 23 mi cerebro sufrió un cortocircuito. Quería ser ACTRIZ. Lo tenía más claro que nunca. Me informé y quise prepararme para entrar en la Escuela Municipal de Teatro de Zaragoza. Ese mismo verano, antes de ir a las pruebas de acceso de la Escuela, volví a la Estación, y en el curso intensivo de verano me ayudaron a preparar uno de los monólogos de acceso. A mediados de Septiembre ya era una alumna de la EMTZ. Feliz y satisfecha…, o no tanto.

Al igual que con el canto, algo no funcionaba. Adentrarte en serio en el mundo del teatro es un reto enorme. Pasarte de repente 5, 6 y hasta 7 horas (si no es más, debido a ensayos fuera de clase) teniendo que ahondar en tu psique, en tus emociones, entrenando vocal, mental, física y emocionalmente, exponiéndote a los compañeros y a los profesores en los ejercicios, trabajar codo con codo con ellos, convivir y un largo etcétera; cuando no sabes bien hacia dónde dirigirte, puede ser extremadamente frustrante. En aquel momento no estaba preparada, o no quería estarlo…

No voy a contar cuáles fueron los motivos de mi deserción en aquel momento, dudo mucho que a alguien le interesen. Decidí coger una excedencia de dos años e intentarlo más adelante. Cuando por fin la hija pródiga volvió a la Escuela, la situación dentro de mí no había cambiado excesivamente: estaba condenada a fracasar de nuevo. Ya era Auxiliar de Veterinaria, había conseguido al menos acercarme a alguno de mis objetivos de cuando era niña, estaba más predispuesta al mundo de los animales que a cualquier otro, y para más inri, mi prioridad en aquel momento personal no era la acertada. A mediados de curso me resigné y dejé la Escuela con una frase (que tiempo después ha sido clave para mi) que le dije a uno de los profesores: “Si realmente quisiera actuar, no habría excusas, no importaría mi situación personal, la Escuela sería mi prioridad”. El profesor concluyó la charla diciéndome que no me preocupara, que había más formas de hacer teatro. Otra gran verdad.

Pasé los siguientes dos años perdida, tratando de encontrarme a mí misma. Un buen día, uno de los compañeros de la Escuela, decidió abrir una sala de teatro underground. Un proyecto maravilloso que hoy en día, junto con el resto de salas de fuera del circuito, hacen que muchos actores y actrices puedan desarrollar su arte sin estar sujetos a ciertos estándares. Este compañero empezó a dar clases de teatro. Y dije… ¿por qué no? Había dejado la Escuela hacía tiempo, pero nunca había podido olvidar el teatro. Decidí probar, sin duda era algo pendiente.

Las clases semanales de sólo dos horas de duración consiguieron avivar en mí el deseo de actuar de nuevo. Hasta que un día me levanté de la cama y dije: “¿Qué demonios hago sin actuar? Es lo que me hace feliz, lo que siempre me ha hecho feliz, puede que no haya terminado la Escuela de Teatro de Zaragoza, pero eso no significa que no pueda dedicarme a formarme fuera de ella y labrarme un futuro, la escuela es maravillosa, pero hay vida más allá.”

Un buen día el dueño de la sala underground, Óscar Castro, puso un anuncio en su página: “Director de Alquiler”. Se ofrecía a dirigir cualquier tipo de proyecto, amateur o profesional. Era el destino. Escribí a Óscar y lo contraté. Quería demostrarme a mí misma si el camino de la interpretación era el correcto para mí o no. Nació “TETAS”. Una obra escrita por los dos y con aportaciones de la maravillosa dramaturga Paloma Pedrero que nos ha cedido. Estrenamos el 8 de marzo de este año en su sala: “El Extintor”. Esta temporada continuamos. Tras cada representación me doy cuenta de que ahora sí tengo claro que me quiero dedicar a actuar. Sin ninguna duda. Desde el estreno hasta el día de hoy lo tengo claro. Y me siento feliz. Feliz al escuchar los aplausos de la gente. Al ver cómo nuestro pequeño proyecto ha ido creciendo. Y cómo gracias a él han nacido otros proyectos. Y poco a poco estoy recuperando el tiempo perdido. Aunque quizás el tiempo no esté perdido, todo sucede de la forma en que tiene que suceder. Quizás todos estos años en el limbo eran necesarios.

En el teatro de la vida, todos tenemos que representar ciertos personajes, determinados dramas y alguna comedia. Algunas obras duran muy poco en cartel, otras veces, nos creemos tanto el personaje que hemos creado para enfrentarnos al mundo, que nos aferramos a él hasta sacrificar nuestro día a día. Pero tarde o temprano las máscaras caen. O nos las quitamos a la fuerza, cansados de representar el mismo papel que nos impide avanzar. Pero todos y cada uno de esos personajes son necesarios. Y nos preparan para el papel principal de nuestra vida.

Hoy en día aquella frase que dije para justificar el irme de la Escuela es la misma que me hace avanzar, con algunas modificaciones:

“Quiero actuar, no hay excusas, no importa mi situación personal, el no haber acabado la Escuela o el tiempo que ha pasado. La interpretación es mi prioridad”

Seguiré actuando, formándome y luchando para conseguir vivir de mi pasión. Los sueños están para hacerlos realidad.

2 comments on “Mamá, quiero ser artista… Nunca es tarde”

  1. Isabel Granado Responder

    Ufff, me has dejado sin palabras. Me he emocionado.
    Como te puse antes en uno de tus post, lucha por tus sueños.

    Enhorabuena, tienes mucho talento.

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