TETAS vuelve en el mes de la mujer

“En lugar de enseñarle a tu hija a agradar, enséñale a ser sincera. Y amable. Y valiente. Anímala a decir lo que piensa, a decir lo que opina en realidad, a decir la verdad. Dile que, si algo la incomoda, se queje, grite.”

Chimamanda Ngozi Adichie-Cómo educar en el feminismo 

Cuando se creó TETAS no tenía ninguna idea demasiado definida. Simplemente escribí unas frases en un papel sobre temas de los que me apetecía hablar y junto a Óscar, empezamos a improvisar hasta que nacieron esos monólogos. Hay muchas cosas autobiográficas, otras no tanto. Hay risa, hay drama, hay poesía, hay gritos, hay fantasía y despedidas. Hay cuatro mujeres. Tres monólogos escritos junto a Óscar y tres que nos cedió Paloma Pedrero como nexo de unión. Hay un caos que finalmente conduce a un orden. Hay mucha emoción y corazón en esa obra. Era la primera vez que me subía a un escenario para poder llegar a ser profesional. Mucha ilusión, mucho miedo, nervios y cosas que funcionan mejor que otras.

Tras tres años después de su estreno, me encanta que a pesar de que ya no la hago regularmente, sea el segundo año que piensan en ella en unas jornadas sobre la mujer. Esta vez estaremos en La Vía Láctea (Viernes 10 de marzo, 20:30h – c/ Doctor Palomar 25) en su ciclo “Mujeres y Teatro”. Un mes y cuatro actrices aragonesas muy diferentes e iguales a la vez. Un mes en el que las voces de las mujeres se oirán más fuerte que el resto del año en todas partes. Un mes para concienciar, informar, reivindicar, para recordar a todas las que vinieron antes e hicieron posible un mundo mejor para nosotras y para no olvidar todo lo que queda aún por hacer. Después de cada representación habrá un debate.

He puesto al comienzo esa frase de Ngozi Adichie, porque para mí, tiene que ser un mes para quejarse, para gritar. Y en cierta forma para mí, TETAS fue gritar al mundo que estaba harta del papel que todo el mundo me había asignado desde pequeña sin pedirlo. Este mes es para gritar, gritar, gritar, gritar bien fuerte por todas aquellas veces en las que las mujeres nos hemos tenido que callar.

Me pongo a pensar en todas esas veces en las que me han dicho que sonría, que así estoy más guapa. La última por cierto hace bien poco. En esas veces en las que he tenido que acelerar el paso por sentirme incómoda ante miradas, y frases sobre mi culo y mis tetas y sobre lo que me harían o me dejarían de hacer. Pienso en este verano, paseando por la calle a plena luz del día, y en ese hombre que me gritó un piropo que yo no había pedido y que me hizo sentir incómoda, al que di por respuesta mi silencio, mientras él seguía gritando que al menos sonriera y diera las gracias. Tampoco olvidaré esa vez en la que un tío decidió tocar mi culo sin permiso en medio de una tienda. Ni las veces que me han dicho que me busque un hombre con dinero que me mantenga. ¿Y ese amor romántico que nos meten desde crías hasta en la sopa que me ha llevado a aguantar relaciones en las que no había ningún tipo de equilibrio e incluso maltrato? Sí, maltrato. Porque el maltrato no es sólo que te peguen. Y me acuerdo de mi niñez y adolescencia. ¿Por qué yo tenía que limpiar mi cuarto de pequeña, mi hermana también, y mi hermano no? ¿Por qué desde los 12 años he tenido que aguantar miradas lascivas? Y la condescendencia. He oído tantas veces decir a un hombre “cállate” a una mujer durante mi vida que he perdido la cuenta. También me lo han dicho a mí. Podría seguir recordando cientos de incidentes más, algunos demasiado privados y dolorosos para ponerlos por escrito públicamente. Y mujeres agachando la cabeza. Por la familia, por salvar la relación, porque los hombres “son así”, porque la vida “es así”, porque a muchas no nos han enseñado a GRITAR, a PROTESTAR, a hacernos oír.

Gritemos bien alto no sólo en marzo, todo el año, porque parece que es la única manera en la que alguna gente escucha. Y gritemos también por nosotras, por todas esas veces en las que nos hemos callado, porque “así estábamos más guapas”, porque “una niña buena está calladita y quieta”, porque “nadie te va a querer si gritas y lloras”, por tantas estúpidas razones que no cabrían en este blog.

Por eso este tipo de jornadas son tan importantes. Por eso tenemos que unirnos para que nuestra voz se oiga más fuerte. Para que llegue el día en el que no sean necesarias. Ojalá pueda presenciar ese día.

 

 

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